PUNTO UNO: EL PERFECCIONISTA
Fueron buenos niños y buenas niñas. Aprendieron a portarse bien, a ser responsables y, a ser correctos a los ojos de los demás. Recuerdan haber sido criticados duramente y a causa de ello aprendieron a controlarse a fondo con el fin de evitar cometer errores que pudieran ser detectados por los demás. Asumen que todo el mundo comparte su deseo de automejora y a veces se sienten frustrados por lo que consideran una falta de carácter moral en los demás. Consideran que fueron muy criticados o castigados en su infancia y finalmente se obsesionaron intentando ser buenos con el fin de salirse de los problemas. Parece ser una situación familiar que produce niños obedientes, pero que obliga a los niños a controlarse internalizando la voz crítica de sus padres. Muchos se vieron obligados prematuramente a asumir responsabilidades de adulto, y con frecuencia asumen el papel de padres con el fin de estabilizar a adultos inmaduros de la familia.
Ejemplo: mi padre quería ser escritor, pero en vez de esto tenía una familia, y básicamente odiaba su vida. Tenía la sensación de que se vengaba con nosotros por no haber satisfecho su sueño y se sentía atrapado con aquello a lo que tenía que conformarse. Mi madres estaba enferma la mayor parte del tiempo, y se suponía que debía cuidadr a los pequeños.
Se trataba de una casa con muchas tensiones, todo el mundo iba de puntillas para no molestar a los padres, y siempre parecía que había muchas cosas que hacer. La atmósfera era de grandes expectativas sin recompensa. La virtud se consideraba una recompensa en sí misma, y por lo tanto los perfeccionistas eran regañados por sus errores, sin que se le hiciera sentirse especiales por el sacrificio de ser buenos. El ser una persona perfecta exige mucho autosacrificio y exige un estricto control interno. Finalmente el placer de la recompensa puede ser sustituido a favor del placer del autocontrol.
El mensaje inconsciente recibido en la infancia hace referencia a los diferentes mensajes de nuestros padres y de otras figuras importantes. Esos mensajes tienen un efecto profundo en el desarrollo de nuestra identidad y en la medida en que nos permitimos ser totalmente nosotros mismos. En el eneatipo I sería: “ no está bien cometer errores”.
El mensaje perdido de la infancia, que sería aquel que no se ha oído (aunque haya sido enviado) suele convertirse en el problema principal para el niño y en el núcleo de su miedo básico. Así pues, la estructura de la personalidad adulta de cada tipo hace todo lo posible para que otras personas le envíen el mensaje que nunca recibió bien. En este tipo sería: “eres bueno”
PUNTO DOS: EL QUE DA
Los dos eran niños queridos por ser agradables. Reconocían rápidamente aquellas cualidades suyas atractivas a los distintos adultos que formaban parte de sus vidas y aprendían a actuar de modo que satisficiera sus necesidades, aprendieron a mantener la corriente afectiva dirigida a ellos.
Ejemplo: mi padre era distante e inaccesible, lo que en cierto modo hacía mas emocionante el juego de conseguir su atención, puesto que ninguno de mis hermanos o hermanas lo conseguía. Me sentía como un barómetro, teniéndolo siempre controlado. Llegaba a casa, iba a su despacho, y recuerdo que dudaba en la puerta hasta que podía olfatear su humor, para saber como comportarme esa tarde. Tenía la sensación de sopesar cual de mis caracteres era apropiado para la noche, y una vez daba con el carácter que parecía adecuado, entonces me convertía en aquel que iba a complacerle.
los tipo II han desarrollado su sensibilidad por las necesidades de los demás, debido a que han de apoyar emocionalmente a sus padres, vemos otro escenario muy común.
Ejemplo: fui una niña muy servicial, que creía que mi familia era básicamente incompetente y necesitaba mucha ayuda. Así que al cuidar de mis padres les hacía lo suficientemente fuertes para cuidarme a mí. Los domingos hacia ir a mis padres a la iglesia porque consideraba que ello los hacía más fuertes, teniendo en todo momento el convencimiento de que era la favorita de Jesús en la escuela dominical por llevarlos a la fe.
El mensaje inconsciente recibido en la infancia: “no está bien tener necesidades”.
El mensaje perdido en la infancia: “eres deseado”
PUNTO TRES: EL EJECUTOR
Los tres fueron apreciados, más que por sí mismos, por aquello que podían producir y conseguir. Finalmente aprendieron que el modo de recibir amor y ser aceptados se cifraba en el rendimiento que se veía acompañado del éxito, por lo que se convirtieron en adictos del autobombo y en proyectar una imagen que incorporará las características ideales de un papel.
Ejemplo: tuve una madre muy interesada en convertirnos en presidentes, y éramos cuatro hermanos que se llevaban pocos años. Recibí una educación de clase media, se hablaba mucho de amor, pero había poco contacto. Los logros se convirtieron en una carrera, en la que se me reconocía poco mi idiosincrasia. El modo de conseguir dicho reconocimiento consistía en ser el mejor en los recitales de piano o hacer el calendario que se elegía para el mural de mi clase, o cualquier cosa que llamara la atención de los demás. Cuando ejecutaba algo, se fijaban en mí, y me sentía alimentado por este pequeño pozo de amor. Esto se convirtió en un ciclo, cada logro se convertía en punto de referencia para otro nuevo éxito. Los logros no eran acumulativos, tenías que dar cada vez más, por lo que mi valor se cifraba en lo conseguido en el día, en tal examen, o en aquella relación.
Las características de un tipo III son más evidentes a finales de la adolescencia y en el periodo que va de los veinte a los treinta años.
Los tipo III son el prototipo ideal del grupo al que valoran. Si se han educado en una familia que tiene mucha consideración por la actuación pública, se esfuerzan en dicha área. Si la familia valora otro tipo de logros, entonces un niño tres trabajará mucho para adaptarse a esta imagen.
El mensaje inconsciente recibido en la infancia: “no está bien tener sentimientos de identidad”.
El mensaje perdido en la infancia: “eres amado por ti mismo”
PUNTO CUATRO: EL ROMÁNTICO
El tema de fondo de la infancia es la pérdida. Los cuatro describen distintas variantes de abandono al principio de la niñez por parte de alguien importante. Con frecuencia describen un abandono literal, cuyo ejemplo más común es el divorcio, en el cuál el padre o la madre se fue. Otro tema es el de haber nacido en el seno de una familia que sufre, en la cual el niño era valorado por identificarse con la tristeza de un adulto cercano. Los cuatro que se sienten abandonados debido a que uno de los padres alternativamente aparecía y desaparecía o era, por momentos, cruel y cariñoso, describen otra situación de la infancia: el niño sentía apego por la promesa de afecto y se enojaba cuando éste se le retiraba. Ejemplo: Una magnífica bailarina, que vivió la mayor parte de su vida adulta dedicada por completo a su arte, sin involucrarse en ninguna relación.
Ejemplo: fui un bebé de incubadora, tan frágil, que a mis padres les dijeron que probablemente no sobreviviría. Creo que se distanciaron emocionalmente de mí para proteger sus sentimientos, es decir, a pesar de que no fui literalmente abandonada, la imagen me parece correcta. Luego, cuando era bebé, mi padre enfermó gravemente. Siempre pienso en mí misma como alguien con un ataúd en la sala y coronas de flores por toda la casa. Poseo una cierta atracción hacia las personas que pasan situaciones de crisis o muertes, porque en esos momentos están en mayor contacto con la naturaleza profunda de su ser y están dispuestas a ser honestas de alma.
El mensaje inconsciente recibido en la infancia: “no está bien ser demasiado práctico ni demasiado feliz”.
El mensaje perdido en la infancia: “se te ve por lo que eres”.
PUNTO CINCO: EL OBSERVADOR
Existen dos modelos familiares que comúnmente ocasionan que los niños deseen retirarse. El primero es aquel en el que los niños se sintieron tan abandonados, que aceptaron su destino, pero aprendieron a separar los sentimientos a fin de sobrevivir. La segunda y más común es aquella en que la familia era tan físicamente entrometida, que el niño “se cerraba” emocionalmente, a fin de poder escapar.
Un relato típicamente del cinco es aquel que ha logrado ganar mucho dinero en una especialidad de negocios muy poco conocida, en la cual es el único experto en la materia. Cuenta que prefiere vivir en un sector pobre de San Francisco, debido a que los alquileres son baratos y el restaurante chino donde come todos los días queda sólo a media manzana. El segundo prototipo de la infancia lo brinda un programador de ordenadores, que le gusta trabajar por las noches, cuando no hay nadie en la oficina, excepto ocasionalmente la gente del servicio de limpieza y más de cien máquinas silenciosas.
El mensaje inconsciente recibido en la infancia: “no está bien sentirse a gusto en el mundo”.
El mensaje perdido en la infancia: “tus necesidades no son problema” .
PUNTO SEIS: EL ABOGADO DEL DIABLO
Los seis cuentan que fueron criados por figuras de autoridad que no inspiraban confianza. La falta de confianza se centra comúnmente en los castigos o humillaciones que recibían de los padres, en particular si éstos eran imprevisibles y erráticos en su forma de tratar al niño. De vez en cuando, el seis cuenta que la familia vivía con un secreto que debía permanecer oculto. Los jóvenes seis debían predecir el comportamiento de los adultos, quienes podían explotar sin ninguna indicación clara de la trasgresión del niño. Los seis más hiperalertas dicen que a menudo eran castigados porque sus padres eran inestables emocionalmente, más que porque ellos se hubieran portado mal. Dicen que tenían que vigilar a los demás porque el trato que recibían era errático y que, si no presentían la amenaza, podrían ser sorprendidos. Los seis aprendieron a dudar, a verificar las señales de peligro, para determinar la postura de la autoridad antes de decidirse a actuar. Debido a su temor a ser heridos o avergonzados, los pequeños seis tenían que conocer las intenciones de los demás, antes de asumir su posición. Esta dirección externa del enfoque de la atención, en combinación con los sentimientos de impotencia de estos niños para actuar en defensa propia, ocasiona que se perpetúe el estilo neurótico del abogado del diablo. El denominador común es el niño que se sintió desamparado, sin un lugar seguro a dónde ir. El fondo de nivel de aprehensión con que viven los seis adultos se deriva directamente de esta sensación de estar junto a los vencidos, sin una figura sólida que les ofrezca protección.
El mensaje inconsciente recibido en la infancia: “no está bien confiar en sí mismo”.
El mensaje perdido en la infancia: “estás seguro”.
PUNTO SIETE: EL EPICÚREO
Los siete poseen recuerdos agradables de su infancia. Sus historias guardan características de libros de cuentos infantiles: un niño en su columpio, una niña con su delantal. Generalmente no hay amargura. Aún dentro de un cuadro objetivamente desagradable, no existe casi ningún resido de odio o de reproche.
En aquellos cuadros que contienen recuerdo objetivamente desagradables, se encuentra un sabor de “yo decidí no ser así” y “ encontré cosas mejores con qué entretenerme, o sea que no me dejé hundir”. La atención se desvía hacia los recuerdos positivos. El niño que dice haber aprendido karate para salvarse, se concentra en una descripción de sus mejores competiciones. La niña que se escapó de casa a los quince años, minimiza las razones por las cuáles huyó y describe la emoción de su huida. En este caso, encontramos una desviación de la atención opuesto al de los seis: los abogados del diablo tienden a recordar lo peor y los epicúreos, al desplazarse hacia el placer y alejarse de la angustia, tienden a recordar lo mejor. Para los siete existen una gran cantidad de recuerdos positivos de la infancia, que son objetivamente reales. Tienen la tendencia a favorecer a la madre sobre el padre, pero la rebelión paranoica en contra de la autoridad masculina asume un tono suavemente antiautoritario.
El mensaje inconsciente recibido en la infancia: “no está bien depender de alguien para nada”.
El mensaje perdido en la infancia: “estarás cuidado y atendido” .
PUNTO OCHO: EL JEFE
Los ocho sobrevivieron su infancia asumiendo una vigorosa posición personal. Sentían que su mundo era dominado por personas más grandes y más fuertes, que querían controlar sus vidas. El niño luchó en contra de las condiciones injustas y sobrevivió utilizando cualquier tipo de enfrentamiento que lograra que sus enemigos dieran marcha atrás. Las historias varían desde palizas a niños que se defendieron, hasta niños de barrios peligrosos que lograron hacerse respetar porque no lloraban, porque no demostraban debilidad y porque ganaban sus peleas. Cuando no existió abuso corporal en la familia, los ocho cuentan que fueron respetados por ser fuertes y rechazados cuando se mostraban débiles. Los ocho, por lo general, describen que en su juventud intentaron ser buenos. Dicen que inicialmente trataban de complacer a los demás, pero que éstos se aprovecharon de su inocencia y que, al mostrar su lado vulnerable, resultaron heridos. Creen haber comenzado a ofrecer resistencia en defensa propia, descubriendo rápidamente que era más divertido romper las reglas que tratar de regirse por ellas.
El mensaje inconsciente recibido en la infancia: “no está bien ser vulnerable ni confiar en alguien”.
El mensaje perdido en la infancia: “no serás traicionado” .
PUNTO NUEVE: EL MEDIADOR
Los nueve se sintieron ignorados cuando eran niños y, como consecuencia, adoptaron el hábito de no tener en cuenta sus necesidades esenciales. Describen situaciones familiares que van desde el abandono, hasta el ser eclipsados por los hermanos o ser ignorados o atracados al defender sus propias ideas. Todos estos prototipos comparten la sensación de no haber sido escuchados en la infancia al manifestar una opinión, y el descubrimiento de que mostrar su ira directamente no lograría que su opinión fuese considerada. El deseo del mediador de mantener la paz a menudo es el resultado de haberse visto atrapado entre bandos contrarios ¿por qué tomar partido, si puedo ver el valor de la opinión de todas las partes? ¿por qué añadir la opinión propia, cuando de todas formas todos la ignorarán?. Los niños nueve se resignan al hecho de que no pueden modificar la situación familiar. Aprender a soñar despiertos, a amortiguar sus sentimientos con pequeñas comodidades físicas, a resistir hasta que alguien tome la iniciativa.
El mensaje inconsciente recibido en la infancia: “no está bien hacerse valer”.
El mensaje perdido en la infancia: “tu presencia importa”.